Y llamándolos junto a sí, Jesús les dijo*: Sabéis que los que son reconocidos como gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que sus grandes ejercen autoridad sobre ellos. Pero entre vosotros no es así, sino que cualquiera de vosotros que desee llegar a ser grande será vuestro servidor, y cualquiera de vosotros que desee ser el primero será siervo de todos. Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. (Marcos 10:42-45 BA)

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Martín Lutero

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La Reforma

Creo que la Reforma realmente comenzó el día en que Martín Lutero oraba por el significado de las palabras de Pablo en Romanos 1:17: «Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá». Al igual que muchos cristianos de hoy día, Lutero pasaba sus noches reflexionando sobre la pregunta esencial: 
  • ¿Cómo puede llamarse el evangelio de Jesucristo la «Buena Nueva», si Dios es un juez justo que recompensa al bueno y castiga al malvado? 
  • ¿Es que hizo falta que viniera Jesús para revelar este mensaje aterrador? 
  • ¿Cómo puede llamarse la revelación de Dios en Cristo «nueva» si el Antiguo Testamento habla de lo mismo, o «buena» si tenemos la amenaza del castigo que como nube negra pende encima de nuestras cabezas sobre el valle de la historia?
Sin embargo, como observa Jaroslav Pelikan: 
«Lutero repentinamente irrumpió en la comprensión de que la "rectitud de Dios" de la que Pablo habla en este pasaje no era la rectitud mediante la cual Dios es recto en sí mismo (esto sería una rectitud pasiva, nada más), sino la rectitud mediante la cual, por Jesucristo, Dios hizo rectos a los pecadores (esto es, una rectitud activa) al perdonar el pecado en justificación. Cuando descubrió esto, Lutero dijo sentir que las puertas del paraíso se abrían ante él». 
¡Una verdad realmente impactante!